El viernes 29 de agosto, en la Sede Bosque de la Universidad Libre, vivimos una jornada que quedará grabada en la memoria de nuestra comunidad. Nos reunimos estudiantes, profesores, familiares, amigos y trabajadores de la institución para rendir un sentido homenaje a nuestro compañero y amigo Pedro Pablo, cuya partida nos ha dejado un profundo vacío, pero también la certeza de que su recuerdo seguirá iluminando nuestros pasos.
Este homenaje, impulsado desde la representación estudiantil y acompañado por el apoyo invaluable de sus amigos, familiares y del área de Bienestar Universitario, fue concebido como un acto de unión, gratitud y memoria. Nuestro propósito fue doble: por un lado, honrar su vida y la huella que dejó en quienes tuvimos el privilegio de compartir con él; por otro, reafirmar el lazo que nos une como estudiantes y como familia universitaria, recordándonos que en medio del dolor también podemos construir esperanza.
El momento más especial de la jornada fue el acto de plantar un árbol en su memoria. Este árbol, sencillo en apariencia pero profundamente simbólico, representa la vida que continúa, la fuerza que se renueva y el compromiso de mantener viva la esencia de Pablo entre nosotros. Sus raíces crecerán en el suelo de nuestro campus, pero su significado trasciende: será un espacio de encuentro, de reflexión y de recuerdo. Cada vez que pasemos junto a él, recordaremos que la vida florece en comunidad, que la unión fortalece nuestras raíces y que la memoria permanece cuando la cultivamos con amor.
Alrededor de este gesto simbólico se tejió un ambiente cargado de respeto, cariño y solidaridad. Compañeros de distintas facultades, docentes, personal administrativo, de aseo y seguridad, directivos y familiares, todos unidos en un mismo propósito: despedir a Pablo con dignidad y mantener viva su presencia entre nosotros. Este acto nos recordó que, más allá de nuestras diferencias y responsabilidades, lo que verdaderamente nos sostiene es la fraternidad y el cuidado mutuo.
Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a quienes hicieron posible este homenaje: a sus amigos y familiares, que con valentía nos acompañaron en este momento; a nuestros compañeros y compañeras, que se unieron con gestos de apoyo y solidaridad; a las directivas de la Universidad, que respaldaron este espacio de memoria; y al personal de seguridad y de aseo, cuya presencia y disposición también formaron parte de este acto colectivo. Cada contribución, por pequeña que pareciera, fue fundamental para que la jornada se viviera con la dignidad y el afecto que Pablo merece.
Desde la representación estudiantil, asumimos este homenaje no solo como una despedida, sino como un compromiso con el presente y con el futuro. El recuerdo de Pablo nos inspira a seguir construyendo espacios de cuidado, diálogo y unión. Nos recuerda la importancia de acompañarnos unos a otros, de tender la mano al compañero que lo necesita y de vivir nuestra vida académica con un profundo sentido humano. En una época donde la individualidad suele imponerse, su memoria nos llama a volver a lo esencial: la comunidad, la amistad y la solidaridad.
Hoy, como comunidad universitaria, reafirmamos nuestro compromiso de cuidarnos como la gran familia que somos. Que este árbol, sembrado con tanto amor, crezca como creció su amistad y como seguirá creciendo el legado que nos deja. Cada hoja que brote será un recordatorio de que su presencia sigue viva en nosotros; cada rama que se extienda será símbolo de la unión que nos mantiene firmes; y cada sombra que proyecte será cobijo para quienes busquen un lugar de paz y memoria en nuestro campus.
El recuerdo de Pablo vivirá eternamente en nuestra Universidad, en nuestros corazones y en cada acto de solidaridad que emprendamos. Su historia seguirá caminando con nosotros y su legado se transformará en semillas de esperanza para las generaciones que vendrán.











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